Del diario de Umi
Llegamos a un punto en la historia donde laes humanaes regresamos al agua. Nos devolvimos a ella como en el origen de todo. Hemos desarrollado la habilidad para permanecer más de veintidós minutos bajo el agua. En esta era, hay regiones de la Tierra pobladas de construcciones con base en tecnología ancestral: las chinampas, islas flotantes que se desplazan cada cierta estación. Cada isla nace de un Árbol o de varios cuyas raíces se alzan al cielo o hacia la profundidad oceánica según la variedad de su floritura. Son nuestra casa y nuestro transporte. A lo largo de la última veintena, después de la caída del Sol, aprendimos a generar alimentos sin luz solar y a conocer la vastedad de la red del micelio. Durante esa época vivíamos en cuevas de agua, dentro de las montañas. Fue un tiempo donde recuperamos los saberes del interior de la Tierra, nuestra relación con la energía telúrica y los minerales. De comprender, de mirar sin ver la gestación de la vida en la oscuridad, aprendimos a abrazar esta luz oscura que antes pensábamos como la nada. Vivimos con el mínimo de luminosidad, pues el nuevo sol yacía durmiente en el vientre de la Mar Oceánica. Fue un tiempo crudo, austero sin duda, pero del cual desarrollamos capacidades que se encontraban en desuso o en latencia. Muchas personas no sobrevivieron, muchas más decidieron establecer vida en la intratierra fundiéndose con las entrañas de las grandes rocas.
Para nosotraes, quienes seguimos el rumbo de la vida en las islas hemos tenido cambios significativos en el cuerpo físico, psíquico, energético.
Querida Mujer Rayo:
Me entusiasma enviarte este mensaje y abrir la conversación. Mi nombre es Umi, soy Mujer Lechuza, vivo junto a mis hermanas en una isla no holográfica. Nosotras, además de cambiar de forma, sabemos proyectar nuestro cuerpo onírico durante la noche, lo llamamos vuelo de sueño. En estas expediciones recabamos información para la creación de mapas: apuntar nuevos hallazgos, cambios en nuestra selva, cualquier detalle es importante. Aguardianamos el territorio de los sueños, donde damos seguimiento a lo que sucede durante la vigilia. Así, llevamos un registro de los mapas de los territorios holográficos y no holográficos.
Las mujeres lechuza podemos comunicarnos a través del pensamiento y a través del agua. Abuela Agua guarda gran parte de las memorias de la Tierra, las expresa a través de la vibración y de sus formas, pero de ello te contaré más adelante. En nuestra cuenta del tiempo hay días más propicios para hacer los vuelos. Sabemos que en el año 2049, la vida conocida en la “Tierra-Agua” sufrió una importante fragmentación de realidades. Nosotras habitamos una realidad donde no hay hombres. Sabemos también de comunidades de seres que como nosotras habitan territorios no holográficos.
Durante las proyecciones nocturnas es muy importante ubicarlos para contactar a nuestras hermanas y hermanos. También sabemos que los sueños son un portal entre estos universos alternos. El sueño es una tecnología que hemos cuidado, queremos preservarla y compartirla. Sin embargo, los vuelos deben prepararse, para ello consultamos a nuestros oráculos. Hasta ahora hemos hecho tres saltos, así fue cómo te encontré, o mejor dicho, hallé información acerca de ustedes. En aquel vuelo encontramos una biomemori que contenía semillas y recuerdos de tu pueblo. Al saber de ustedes, me atravesó una sensación cálida de esperanza y amor: verles danzar bajo la Lluvia me conmovió.
Quiero contarte de la isla que antaño fuera parte de la conocida península yucateca. Cuando sucedió la fragmentación de realidades se separaron porciones de tierra, dando como nuevo espacio un archipiélago, lo que se conocía como Campeche, Quintana Roo y Yucatán se convirtió en un xec de islas flotantes. Las que habitamos son de mangle blanco y rojo, convivimos con delfines rosas, una especie que se consideraba mitológica.
Quizá es demasiada información para esta primera carta, no lo sé. Espero que este mensaje llegue a ti Ya espero con gratitud tu respuesta.
Abrazos de hierba y flores.
Umi.
Georgina Yáñez García nació y creció en la Ciudad de México, hace ocho años migró a la península de Yucatán. Docente de francés y español. Investigadora del mundo onírico, procura espacios donde conversar y explorar el sueño como tecnología y afecto. Creadora de Ensueños y Té, donde elabora mezclas a partir de té, cacao y botánicos como un encuentro ritual con humanos y no humanos.