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Kikaiju’s Cataclism

Darío González Rodríguez

A media luz, trepanado el ruido,

fue elación febril el rayo de la boca humeante,

enrojecido roto en que los rascacielos se amoratan

y la alarma, un rayo, el despertar, huida en bajo ataque.

 

Cuando al más bien circuito enrutador,

desconocido acaso surgimiento de la tierra,

cuando siempre o casi ruina en piedra fuera

del robot arrancasueños,

tiene dicho en yemas

y hace un tiempo que empezó a sobarse las palmas.

 

Desde fuera, lejos de esa luz, sólo mirarlo altísimo,

sólo mirar la inalcanzable nube de neones ácidos

y decir, contar, por cuánto tiene o la hora perdiendo kilos

o la vista que un centímetro aligera en sus segundos

y toda triunfal ondeando sus estola esta larga ensoñación delira

muro a muro sus banderas de ceniza y flama,

tira las antenas, rompe puentes

y la luz del apagón quiere tremolar perturbaciones.

 

Alarma y lejanía, oigo aullar en sus estrados repitiendo el himno

y replicando el gran pescado de las bombas

viene abajo nuestro cielo, nuestra casa viene abajo.

Se estremece el suelo, lo ha agrietado,

y nos perfuma con su tizne gris de escombro sobre escombro

el gran lamento a gasolina que se acarrea el aire.

 

Allá a lo lejos, sobre el polvo, se alza un dios de cables parricidas,

se debate fría la crueldad de un gran porqué con ruina por respuesta.

Y esta línea roja amaneciendo a media noche,

abriendo el piso con sus láminas de espada,

con su desnudez incontrolable de titanio.

 

A media luz, volviendo el ojo hueco,

escucho su pesada guerra, su gutural de lata

y pienso en su rabia sin razón. Pienso en su belleza.

Emanación del ruido, miren, vueltos todos estatuas de sal,

Su prontitud de abismo, su vasta perfección incontrolable.

Darío González Rodríguez    (Uruapan, Michoacán. 1999). Licenciado en Letras Hispánicas por la Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Iztapalapa. Es poeta.