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Flemas

Jorge Daniel Abrego Valdés

Sierra Norte de Puebla, 2039

Ana Paula arrugó la nariz cuando el aerodeslizador abrió sus puertas. El intenso olor a leña quemada le provocó una violenta arcada que casi la hizo vomitar. 

—¡Ana Pau! ¿Por qué eres así? —la increpó Maria Fernanda, su supuesta mejor amiga.

—¿“Así” cómo?

—Así, toda clasista, llena de bad vibes y discriminación…—añadió Cayetana, su otra amiga, tras bajar de un brinco del vehículo.

—No puedo evitarlo, este no es nuestro lugar: somos médicos pasantes, la universidad no debió mandarnos al monte para probar el aparato…

—¡Cómo crees, Ana Pau! Aquí está la gente que lo necesita: los inditos y eso… Nuestro invento va a ayudarlos a tener vidas menos miserables, sobre todo con esa enfermedad rarísima, el moco de la montaña o como se llame…

—Mucosidad Aguda Serrana…

—¡Weyyyyy, da igual! ¡Vamos! Hay que buscar chicos enfermos: tomamos unas fotos para “insta” y luego probamos la máquina que inventamos. ¡Pero ponte “cubrebocas”, eh! 

Ana Paula hizo una mueca y colocó sobre su rostro un pequeño cuadro de algodón que extrajo de un sobre hermético. La telilla se adhirió a su rostro al contacto y luego se extendió hasta cubrirle nariz y boca. 

—¿Usté nos va a curar?

Una manita llena de polvo tiró de la inmaculada bata blanca de Ana Paula, quien se apartó rápida y bruscamente.

—Me duele la choya, ya no puedo respirar…

La muchacha aspiró muy hondo y se hincó frente al chiquillo. Estaba mormado: su nariz presentaba una congestión nasal persistente, pero la mucosidad no fluía.

—Mi nana dice que este moco es canijo, más pegajoso que la baba del nopal…—el esfuerzo por hablar provocó un violento espasmo en el niño, quien tras toser, cayó al suelo.

Ana Paula frunció el ceño, le desagradaba tratar pacientes, sobre todo niños de la Sierra… Consciente de que sus prejuicios no serían muy útiles en ese momento, respiró hondo y abrió la boca del muchachito: su garganta estaba hinchada y enrojecida. Una delgada capa de flemas le cubría el paladar. 

Una nueva arcada sacudió su estómago. En definitiva no estaba lista para esa clase de casos. Sin embargo, quizá su invento sí estuviera a la altura…

—¡Necesito autorización para tratar a este niño! —exclamó. 

A pesar del grito,  nadie se acercó a ella. Todos estaban reunidos en torno a Marifer, quien no paraba de sacarse fotografías junto a las chozas pobremente construidas.

—¿De quién es este escuincle? —preguntó con desesperación.

—¡Xijpajti! —gritó una anciana que caminaba con ayuda de un bastón.

—¿Qué?

—¡Xijpajti! —repitió la mujer, presa del llanto.

Ana Paula presionó un botón de su auricular derecho y el asistente de voz le susurró al oído:

“Es náhuatl de la huasteca. Pide que lo cures.”

La joven tragó saliva y asintió titubeante. Miró de reojo la máquina que había diseñado junto a sus amigas y dijo para sí:

—Bueno, si hay un momento ideal para probar el Extractor Dérmico de Flemas en definitiva es este…

El singular dispositivo encendió una luz tras reconocer su huella digital. Luego, un breve pitido le indicó que el aparato estaba listo para ser utilizado:

—Señora, debe saber que este artefacto es completamente experimental, lo creamos para extraer mucosidades de alta densidad sin tener que ingresar ductos a la faringe… 

La confusión en el rostro de la anciana bastó para que Ana Paula reformulara su explicación:

—Voy a sacar los mocos de su niño a través de la piel,  será tan fácil como secar sudor…

Un breve asentimiento de su interlocutora fue suficiente para que la joven médico recuperara la confianza. Con las manos temblorosas pero mucha decisión, colocó el cabezal del dispositivo sobre el cuello del chiquillo enfermo. La extracción comenzó al instante. Tras dos minutos de operación, el contenedor del aparato quedó lleno a tope: las flemas habían abandonado a su anfitrión para siempre.

—¡No puedo creerlo! Fue un éxito… 

—Tlasokamati…—murmuró la vieja tras descubrir que su nieto respiraba otra vez.

Emocionada, Ana Paula repitió la operación con cuanto niño enfermo le salió al paso. Sólo cuando hubo atendido al último, Marifer y Cayetana acudieron a su encuentro.

—¡No juegues! ¡Nos vamos a hacer millonarias con esta cosa!

—Y vamos a salvar muchas vidas…—agregó Ana Paula, embelesada.

—¡Ay, no seas teta, Anapau! ¡Nos vamos a ahogar en dólares! Hay que patentar nuestro gadget antes de regresar a la Uni; mi papá tiene un conocido en el IMPI que…

Ana Paula arrugó la frente y alzó la mano derecha reclamando silencio:

—¿Y esta gente? Alivié el síntoma, pero la enfermedad sigue ahí… Necesitamos regresar con medicamentos para continuar el tratamiento…

—¿Whaaaaat? ¡Weyyyy! ¡Ya les salvaste la vida! ¡Te ganaste el cielo! Ahora hay que ganar “varo”… ¡Te vemos en el aerodeslizador!

Cayetana y Marifer se tomaron una última selfie antes de darle la espalda a su amiga. Ésta soltó un larguísimo suspiro y luego sus ojos se encontraron con los de la abuela del primer niño al que había curado.

—El mundo es así ¿No?

La vieja asintió.

—Bueno, quizá olvide por accidente mi extractor aquí y jamás regrese por él…

La mujer esbozó una sonrisa de complicidad.

Ana Paula corrió hacia el aerodeslizador y al momento de subir dejó caer su asombroso invento. Echó un último vistazo atrás y pensó que si bien no se había ganado el cielo con su escueta intervención médica, al menos sí se había ahorrado un viaje al infierno.

Jorge Daniel Abrego Valdés   (CDMX, 28/10/1983). Lic. Mercadotecnia. Mtro. Dirección de Proyectos. Creador de contenido con más de 215,000 seguidores en facebook “Los cuentos de Viento del Sur” y 11 mil seguidores en Tiktok (viento_del_sur1). Autor de la ucronía “Lieber Freund” (Amazon,Buenovela). Publicaciones de CF en diferentes revistas de España y Latinoamérica: MiNatura, La Cripta, La Tinta, El narratorio y antología ‘Los mundos que se agotan’ (Paraíso Perdido). Ganador del concurso de Calaveritas literarias 2019 del MURADI. Finalista en Concurso CF de la UACM “Semillas 2023” con ‘Pontifex’. Finalista en certamen “Pinches Recuerditos 2024” con ‘Metano’.