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Agente Mandarino

Emma Carlin

Hoy se cumplen siete años de estar encerrado en esta prrrisión. ¿Quién soy? Para unos, un bandido, un don nadie, un tonto; para otros, un jefe, un justiciero, un revolucionario. Aquí, en Catnum, soy un criminal triple H (por sus siglas en inglés Highly Hunted Hermit), un rango que sólo se les da a los individuos considerados un peligro para el régimen. Para mis amigos, sólo soy Mandarino, un legendario y obstinado rebelde sin miedo a…  los dejo un momento, se acerca Lord Catnip.

Dos guardias siguen el paso de un elegante Lord Catnip, cuyos largos bigotes de sabiduría llegan hasta el suelo. Se detiene en la reja frente a Mandarino, quien le da la espalda a propósito, saca su garra y toca en los barrotes como si fuera una puerta. ¡Clin-clin! Como no hay respuesta, carraspea con autoridad. Los ojos aceituna de Mandarino resplandecen, intuyendo una nueva misión. Se da la vuelta lentamente, mientras pela una manzana con su garra, despreocupado.

—¿Ahora quién se le escapó? 

—Nadie.

—Entonces, ¿qué hace aquí? 

—Mucha prisa. ¿Tienes algo que hacer más tarde? 

—Ya, suéltelo.

—Hay amenaza de guerra nuclear en la tierra. Necesito que alguien se asegure de evitarlo para preservar la vida de los colegas catnípodos que viven ahí en calidad de mascotas. 

—No me diga. ¿Por qué no manda a uno de sus setecientos guardias reales?

—Porque es una misión…

—…ilegal y suicida. Claro, como mi vida no vale nada, mándeme al matadero cuando se le antoje.

—Eres el único sobreviviente del escuadrón Triple H.

—¡Qué suerte! Cuando le conviene no soy un apestoso criminal, sino un respetado ex-escuadrón Tiple H. 

—Tengo entendido que estás viviendo tu séptima vida…

—Eso a usted qué le importa.  

—Si completas la misión, te redimiré, podrás vivir el resto de tu última vida en Catnum como un ciudadano libre.

Libre, libre, libre. La palabra hace eco en los pensamientos de Mandarino, pero su orgullo resiste.  

—¿A sí…? Pues no me interesa.

Lord Catnip sabe lo que tiene que ofrecer para convencerlo, y con mucho trabajo musita las palabras necesarias. 

—Haré una ceremonia para honrar a tus compañeros caídos, aceptaré que el régimen los desapareció, reivindicaré al Escuadrón Tiple H, como siempre lo quisiste. 

Mandarino se levanta como resorte al escuchar eso, se acerca ágilmente a los barrotes, lo toma de las solapas de la bata real y lo zarandea mirándolo fijamente, entornando los ojos. Un tenso silencio se prolonga hasta que:

—¿Viviré libre de impuestos?

Lord Catnum se zafa de sus garras y se sacude la bata. Exhala sonoramente y rueda los ojos.

—Sí, además quedarás libre de impuestos.

Mandarino le extiende su pata para cerrar el trato, Lord Catnip la estrecha.

—Bueno, ¿y a quién me tengo que cargar? 

Lord Catnip hace un gesto a los guardias para que abran la celda. 

—Sígueme, te voy a mostrar información clasificada. 

Mandarino y Lord Catnip caminan juntos por el pasillo de salida hasta abandonar la prisión.  

Meh…. Se preguntarán por qué acepté colaborar con el mismo régimen que me encerró en esa oscura y solitaria prisión, pero por limpiar el nombre de mi amado Escuadrón Triple H hubiera hecho cualquier cosa, hasta comer comida de perro. ¡Buagh! Además a quién engaño… estoy hecho para el peligro, ya saben, soy un tipo duro, así que buscaron al indicado. Lo único que odio de las misiones intergalácticas es tener que usar este horrible uniforme de agente… la moda intergaláctica está en crisis, ya saben, es blanco con plateado, un cliché de manual para viajes espaciales.

Mandarino sale de sus pensamientos porque un agente le ofrece una purling automática.

—¿Qué es esto?

—Un pistola tecnológica de última generación que tiene ráfaga de disparo integrrr…

Mandarino la avienta por ahí como si le quemara y lo interrumpe de inmediato.

—¡Fúchila!, no gracias, prefiero usar mis garras. 

—Oiga no sea temerario, el lugar al que va es como… la capital terrícola de las armas.

—Pues más a mi favor, ¡por algo están al borde de la guerra nuclear! Dicen que el hábito hace al monje, prefiero no acostumbrarme. 

Hay barullo en el departamento de inteligencia intergaláctica. Los agentes monitorean y ultiman los detalles del viaje de Mandarino a la tierra. La cabina de vidrio de teletransportación se abre, Mandarino ingresa. Lord Catnip se acerca a él y le da dos redes multidentitarias que mete en un morral plateado. 

—¿Y esto qué cosa es?

—Tecnología catnípoda de última generación.

—¿Ajá…?

—Una es para ti. En cuanto llegues métete en ella, te dará apariencia humana con la que podrás infiltrarte, y la otra…

—…es para empaquetar al objetivo, ya, deducido. Estoy listo, adiós. 

Mandarino da click al botón para cerrar la cápsula. Lord Catnip sigue hablando afuera, golpeando el vidrio, Mandarino hace una seña de que habla mucho al ver que sus labios no dejan de moverse y él ya no lo está escuchando. 

La teletransportación inicia, Lord Catnip pone su pata sobre el vidrio de la cápsula cuando ve partir a Mandarino y sus palabras resuenan en el corazón de todos los presentes.

—El futuro de Catnum está en tus manos.  

En un segundo, la cápsula despega y Mandarino aterriza en la tierra. Cae rodando y emitiendo maullidos dolorosos mientras desciende por la copa de un árbol de la Casa Blanca chocando con las ramas.

—¡Auch! ¡Estúpidos árboles! 

Cuando cae sentado sobre el pasto por fin, echa un vistazo a todo el lugar, poniendo una mano sobre sus ojos para no deslumbrarse por el sol. 

—Pero qué hermosa es la tierra… hace como tres vidas que no me paraba por aquí.  

Se mete a la red multidentitaria que se activa inmediatamente, haciéndole cobrar la apariencia de Donald Trump. Camina a paso firme hacia la Casa Blanca, donde lo dejan ingresar sin contratiempos. 

Mandarino llega hasta la oficina del presidente, abre la puerta y la cierra de golpe a sus espaldas. El Donald Trump real está al teléfono, cuelga inmediatamente, sorprendido por verse a sí mismo entrar por la puerta. 

—Buenas tardes, me informan que quiere iniciar una guerra nuclear. Lamento informarle que eso se cancela hasta nuevo aviso. 

Donald Trump emite un alarido incomprensible. Mandarino se le arroja encima, zarandeándolo de las solapas del traje y tumbándole su peluquín rubio. Donald se arrastra hacia la puerta pidiendo auxilio a gritos, pero Mandarino logra callarlo y someterlo. Le pone la otra red multidentitaria encima, que lo convierte rápidamente en un esponjoso gato anaranjado. Donald Trump suelta un maullido. Mandarino lo mete de un movimiento en una jaula de seguridad y cierra el candado con su huella digital.

El secretario de la Casa Blanca entra a la oficina. 

—Are you ok, Sir? 

Extrañado, mira al aparente Donald Trump sentado en su silla con los pies sobre el escritorio, relajado, pelando una manzana, con un gato naranja a sus pies en una jaula. Mandarino hace acopio de todo su talento como imitador de voces para responderle en un perfecto inglés americano:

—Don’t worry, it was just a crying animal. 

El secretario asiente, no muy convencido, pero se retira. Mandarino busca el botón de emergencia junto a su escritorio que dice “cancelar la guerra” y lo presiona. Las alarmas de la Casa Blanca se encienden, las paredes se tiñen de rojo por la luz de las sirenas de emergencia activadas. Los ejecutivos corren por los pasillos hacia la oficina del presidente, amontonándose. Mandarino toma una pluma, y deja escrito en un post-it: 

“Renuncio a ser presidente, soy un criminal, asumiré mi castigo e iré a prisión, donde debería estar desde hace mucho”.

En medio del caos, Mandarino sale por la puerta de emergencia cargando la jaula. Cruza los jardines hasta llegar al árbol donde cayó del teletransportador, arranca una hoja tecnológica que cuelga de su copa y se despliega un portal ante él, da un paso dentro y desaparece. 

En el departamento de inteligencia intergaláctica, Lord Catnip y los agentes esperan su regreso con el alma en un hilo, sin apartar la vista de la cápsula de cristal. De pronto, Mandarino aparece dentro. Estallan los aplausos y exclamaciones de alivio, los agentes se abrazan celebrando. Mandarino, exhausto, abre la cápsula de teletransportación y arroja la jaula fuera. Se quita de inmediato la red multidentitaria y vuelve a su forma original, con su sedoso pelaje gatuno tricolor. Cae de panza sobre el suelo, mareado. 

Lord Catnip vocifera con emoción:

—¡Sabía que sólo tú podrías conseguirlo!

Mandarino responde desde el suelo, subiendo un pulgar de “Like”. 

Las ovaciones estallan. Los agentes rodean a Mandarino, lo cargan y claman su nombre en una porra. 

—¡Agente Mandarino, Agente Mandarino, ra, ra, ra!

Volguira, una gatita blanquecina y seductora, se acerca a él y se arroja a sus brazos, mientras se seca con un pañuelo las lágrimas. 

—¡Salvaste a los nuestros en la tierra, no tenemos cómo pagarte!

Mandarino rueda los ojos. Le choca la cursilería de celebrar una victoria. Le da palmadas con la mano a Volguira mientras intenta separarse del abrazo. 

—Ya, ya, no es para tanto… y por cierto, acepto como agradecimiento sobres de alimento húmedo tipo pescado, los venden en la Catshop.

Volguira ríe encantadora, pensando que lo dice para aligerar el momento, pero Mandarino queda frustrado, porque no le van a tomar la palabra. 

Pasan los días. Lord Catnip cumple lo prometido, organiza una ceremonia y da un discurso en el estrado frente a miles de Catnipenses, aceptando que el régimen desapareció al escuadrón Triple H de Mandarino a la mala, en un crimen de estado. Suenan los tambores, el himno de Catnum comienza y Mandarino lo vuelve a entonar por primera vez desde hace años, con la pata sobre el corazón.

Lord Catnip condecora a Mandarino y lo redime de su condena por honrar al gobierno catnípodo y evitar la guerra en la tierra, salvando a millones de gatitos. Se dan la pata y se agradecen mutuamente con una inclinación de cabeza como muestra de respeto.

En la oscura y húmeda prisión especial para multi-criminales, Donald Trump convertido en gato y con ojos llenos de rabia, maúlla agudamente, donde ya nadie puede escucharlo. 

Emma Carlin es guionista por el Centro de Capacitación Cinematográfica, realizadora audiovisual y comunicadora por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM. Interesada en todo tipo de espectros, monstruos, criaturas fantásticas y sucesos extraños infiltrados en la vida cotidiana. Escribe desde melodramas hasta documentales, y ha participado con sus historias de género fantástico en FantasoLAB-Colombia y Feratum Pitch Hub-México. Egresada del Taller de Escritores para Telenovela de Televisa. Actualmente estudia Cine Documental en la Escuela Superior de Cine. Ha participado en varios talleres y cursos sobre la escritura y el cine, en escuelas como El Claustro de Sor Juana, Filmoteca UNAM, y la ENAC.