Parecía un día normal de los años 2000, cielo azul y hora dorada. Hice los mandados como de costumbre, el ordenador necesitaba mantenimiento. Afortunadamente manejar los pies, la bicicleta o un auto siempre me ha servido para ir pensando con calma, ya sea de las decisiones de vida o sobre el jabón de manos del baño. Aparte, manejar te conecta con el presente. A mi parecer, es algo que no todos queremos hacer bien, esto no quiere decir que conduzca excelente, digo que es una parte importante, uno de los pensamientos que seguido me asecha al ir manejando es la movilidad, en esta localidad de 215,874 personas, puede parecer pequeña a escala, sin embargo, se le conoce como “capital cultural del estado” lo que lleva a cierto turismo inconsciente y, a residir sin conocer o interesarse en el medio ambiente que se habita, casi no hay señalamientos viales. Eso parece no preocupar pese a que somos “pueblo mágico”, muy pocos semáforos tienen pintado sobre el asfalto el paso de les peatones y esos pocos espacios lo ocupan carros y motocicletas que se apresuran en ser los primeros en la línea de espera.
El otro día, a Shenny, una bióloga de corazón y amante de los murciélagos, la pasaron a traer cuando ella iba por el centro histórico en bicicleta, y un conductor abrió la puerta de su automóvil de manera brusca. Fue una fuerte impresión para ella y tuvo dolores de cabeza semanas después. Cuando la visité, le conté que en la capital se puso una nueva ciclovía, la cual empezaba a ser ocupada por comerciantes y sus puestos, y por peatones, dejando a las bicicletas fuera de la ciclovía, es todo un tema las movilidades, porque siempre estamos sobre la marcha, incluso cuando soñamos nuestro cerebro recrea, conecta neuronas y el cuerpo procesa nutrientes y regula las hormonas que controlan el apetito y metabolismo. Ese y otros días, pensábamos con Shenny que algo tan importante debería ser más hablado en los espacios de cultura, deporte, tránsito vial, etc. Empezamos a buscar soluciones y alternativas, dibujamos un prototipo de alas que fueran resistentes para aguantar a un humano. Las alas de Shenny, por supuesto, eran parecidas a la de los murciélagos. Alas largas tendrían vuelos veloces; y alas amplias tendrían mayor control.
Nuestras tardes de cine por mucho tiempo se convirtieron en nuestro proyecto. A mí me parecía de lo más normal: Shenny y yo siempre teníamos en común la ciencia ficción, la biología y el cine, pero principalmente creemos en las posibilidades de la vida extraterrestre. Guardé los apuntes y dibujos que habíamos hecho y planeamos enseñarle a Ale, la amiga de mi hermano, que se encontraba de vacaciones y era estudiante en Diseño Mecánico Aeronáutico y Electrónica, en Querétaro, ella nos dijo que ahora en esas carreras se estaban incluyendo como parte fundamental la sustentabilidad.
Al fin, llegué a casa, como siempre sonaban los pájaros en el río Navajuelos que está enfrente. Vi a un perro negro con manchas amarillas orinar sobre lo que asemeja ser más ya un campo que el cuerpo de agua del Humedal María Eugenia. Abrí la casa y me pareció ver la sombra de Filosofía con alas, entre sus maullidos escuché murmullos en la cocina, me acerqué intentando no hacer ruido por el peso que llevaba de los mandados, y reconocí la risa de mi hermano Ever. Estaba con Ale, ella iba vestida como de costumbre: con ropa colores beiges, unos lentes de aviadora color negro y una bufanda violeta, aproveché y le conté algo emocionada sobre el <<vuelo motorizado>>, y que estas alas serian para algunas personas que quisieran ayudar con la movilidad, la organización de la localidad, y tendrían normas de uso como viajar a 50 km por hora. La estructura de las alas estaría hecha de materiales ligeros con alta resistencia, un esqueleto metálico con silueta de corazón o murciélago. Ale se quedó pensativa, siempre analizaba, finalmente dijo que podría hacerlo en sus prácticas y meterlo como trabajo final para alguna materia.
—Es posible que el motor funcione con la energía del Sol, dijo Ale. Le dí nuestros apuntes e ideas. Filos se acercó al espejo de la cocina, y al ver su reflejo creí estar en un sueño y tener la sensación de previamente haber vivido ese momento o ser parte del recuerdo de alguien más, pensé en la cena de esa noche para sentir la sensación de que todo estaba pasando realmente. Le dije a Ever que editaría un video de la Red de Defensoras, al entrar al correo vi que el material a editar era sobre las aves nativas del estado y que próximamente íbamos a investigar sobre sus alas y su vuelo. Los siguientes meses estuvimos a la espera de noticias, a Ale no le gusta comunicarse cuando está estudiando, y cuando nos llega un mensaje de ella para mí es como una carta antigua; bien escrita, entendible, y con cariño. La última vez que la leímos nos dijo que hicieron en equipo el par de Alas y que nos acababan de mandar el prototipo para probarlo. Shenny tuvo que vender mucha miel y yo mucho café para pagar el gasto de envío de las alas, ya que como era un paquete enorme, era una cantidad considerable. En esos días trabajamos, vimos algunas películas, y visitamos a nuestras familias. Llegó el día de entrega, esa misma tarde, pedimos a unos amigos que viven en el cerro de Alcanfores que nos prestaran su vasto terreno. Hicimos una prueba en la madrugada para que casi nadie pudiera ver el vuelo. La ciudad se veía tan pequeña desde arriba, como una maqueta o una extensa casa de muñecos, dejamos las alas escondidas en un castillo abandonado, que contrastaba con la ciudad y, n a d i e, le hacía caso. Escuchamos en los días siguientes , que un animal como un búho gigante o un águila rondaba por la ciudad, había cierto miedo en el aire. Al poco tiempo, llegó a nuestras casas una notificación (muy formal) del ejército, diciendo que se necesitaba un permiso de vuelo regulado por los organismo correspondientes, que solo ellos podrían definir el uso de esta nueva herramienta y que debíamos compartir todo. Finalmente se mencionó que llegarían al fondo del asunto para saber lo que se estaba tramando, seguido del mensaje, en nuestros hogares se cortó el internet, la cosa se estaba poniendo seria, ¿qué podría hacer una bióloga y una videógrafa ante tales acusaciones?, aparte tenían a Ale en el radar y a mi hermano por cómplice jaja, y sí aunque él no entendía bien el fin de esto, siempre nos apoyaba en todo. Ale, nos dijo que lo mejor era seguir escondiendo las alas, quemar los planos y lo relacionado (pero que antes, se tomaran fotos y se archivarán en un disco duro), por decisión grupal metimos el D.C a un cofre y quedó enterrado bajo un árbol en la casa de Ale. Con el tiempo y con la ola masiva del uso del internet y la modernidad que se venía, las alas pasaron a segundo plano.
Shenny se fue a Playa del Carmen a trabajar en proyectos sobre cenotes, defensa del territorio, movilidad consciente y a estudiar a los murciélagos, por mi parte me especializaba en animación, le empezaba a platicar a alguien mi día, y seguía con el estudio de la imagen y de la vida, desde la biología y los imaginarios. Al poco tiempo, Ale y Ever tuvieron cuates, una niña y un niño, a veces subían a les pequeñes a la avioneta que ella manejaba en el trabajo. Una vez les vi, juntos y libres se veían como ‘Porco Rosso’ en las alturas.
Epílogo:
Una vez al año Shenny venía, ¡y a extender las alas!,que nunca dejábamos de pensar en ellas, ella pintaba las zonas para peatones y líneas para ciclovías en algunas calles, porque siempre tenía que hacer su retribución social, je, yo la ayudaba, y después íbamos a conocer las afueras de la ciudad, todos los ríos y cuerpos de agua los teníamos en el radar, documentamos un poco esto, no sabíamos si podríamos seguir volando si quisiera una vez al año, como dije antes, empezaba la era de la inmediatez digital, y esto llevó a que todo empezara a ser captado por las cámaras, cada vez se hablaba más de identificaciones y datos. Compartimos a Ale y Ever todo lo documentado desde las alturas de la localidad, él empezaba a escribir sobre esto.
(En San Cristóbal se seguía escuchando de un águila que a veces rondaba entre los árboles).
Delilah Anzueto, realiza fotografía de naturaleza y bodegones. En 2021 presenta su primer cortometraje nombrado «El laberinto de la fauna” en Morelos, Tepoztlán. Participó en el 6to Círculo de Ciencia Ficción de Sizigias en Puebla. Trabaja en la Exhibición de Cine desde, OCOTE: Miradas Encendidas, Festival de cine en Chiapas. Actualmente trabaja en su segundo cortometraje “Seres imaginarios”, un ensayo audiovisual inspirado en el realismo mágico, haciendo uso de la animación en stop motion. Es parte de la Sociedad Astronómica y Geográfica de Ciudad Real. De la Red de Mujeres Defensoras del Agua y Territorio y del Colectivo Montaña Creativa.