Mucho antes de que existieran carteleras llenas de películas protagonizadas por superhéroes, una fiebre masiva de fanáticos y franquicias millonarias como Marvel o DC, en México nació un subgénero que marcaría nuestra cultura, el cual era estelarizado por personajes con casi las mismas características que muchos superhéroes: el cine de luchadores.
La primera pelea de lucha libre en México sucedió en 1933, gracias a Salvador Lutteroth, el promotor más importante de este deporte en el siglo XX. A partir de ahí, empezaría a ganar popularidad entre la población pues se trataba de un espectáculo bastante llamativo para la época y claro, desde aquellos tiempos existía la mercadotecnia, así que los mexicanos fueron testigos de la aparición de productos como juguetes, historietas o las mismas máscaras para todo aquel que ya se considerara aficionado de dicho deporte.
Uno de los primeros antecedentes del cine de luchadores ocurre en 1952, con la fotonovela de José G. Cruz titulada Santo, el Enmascarado de Plata ¡Un semanario atómico! en la que apareció dicho atleta y que tendría un éxito considerable al vender más de un millón de ejemplares semanales.
Sin embargo, el verdadero inicio sucedería con el director Chano Ureta y su película, La bestia magnífica. El filme tuvo como protagonistas a Crox Alvarado y Wolf Ruvinskis, dos actores y luchadores profesionales.
Este subgénero mezcló elementos de suspenso, aventura y humor, al igual que incluyó valores como el respeto y la valentía. Se trataban de largometrajes extraños en el buen sentido de la palabra, pues a pesar de tener muchas limitaciones, en su momento significaron piezas innovadoras dentro de las opciones que había en los cines, logrando reunir a una gran cantidad de personas emocionadas por las próximas aventuras de estos personajes. Dentro de los títulos más recordados tenemos a Huracán Ramírez, Neutrón, el enmascarado negro, Blue Demon contra el poder satánico y por supuesto, todo el catálogo de películas de El Santo.
El también llamado “Enmascarado de plata”, es una figura clave dentro de este subgénero. Su salto al estrellato se da con Santo contra las mujeres vampiro de 1962, para después seguir con cintas memorables entre las que están Santo contra los zombies, Santo y Blue Demon contra los monstruos o Las momias de Guanajuato.
El fenómeno que trajeron estas cintas hizo que la popularidad de los luchadores creciera mucho más, convirtiéndolos incluso en celebridades. Por esto es que hay quien los consideran superhéroes de carne y hueso, pues Blue Demon o Mil máscaras no se quedaban simplemente en la ficción, después de una función de cine, las personas podían ir a la Arena México y verlos en vivo, comprar su mercancía, o encontrarlos dentro de la publicidad.
México es un país famoso por cargar con una cultura donde predomina el maximalismo así que no es sorpresa para nadie que uno de sus deportes principales fuera igual de llamativo. Es cierto que el cine de luchadores pudo haber dado más en cuanto efectos especiales, guion o actuaciones, pero lo interesante es que son consideradas películas de culto, no por su calidad si no por su impacto.
El cine de luchadores triunfó no sólo en nuestro país, durante su apogeo fue una industria bastante rentable de exportación por lo que el público del resto de América, Europa, Medio Oriente y Asia, pudieron disfrutar de nuestras producciones, siendo esta una de las razones por la que los extranjeros ubican a México por el deporte del Pancracio, además del mariachi y los tacos.
A lo largo de los años, México y el mundo se han encargado de homenajear dichos filmes, reconociendo su valor dentro de la industria cinematográfica y la cultura popular.
Si bien el subgénero de luchadores tuvo un declive durante los años 70’s y en la actualidad las películas de este estilo se encuentran extintas, la lucha libre mexicana nunca se fue de la industria del entretenimiento por completo. Hay un gran historial de películas y series que le rinden tributo, Nacho Libre, Contra las cuerdas, Mucha Lucha o uno de los títulos más peculiares, Marvel Lucha Libre Edition: El origen de la máscara, una serie que fusiona a los superhéroes con el mundo del cuadrilátero.
Sorprende que México no esté apostando por nuevas películas de luchadores, en un mundo donde la tecnología cada día avanza más rápido, donde una persona puede editar fácilmente un video en su computadora o celular y hacer que parezca una producción profesional. Es bien sabido que la industria cinematográfica mexicana no cuenta con el presupuesto de los corporativos extranjeros de entretenimiento. Sin embargo, sería interesante que los mismos mexicanos homenajearan ese cine de luchadores con tramas o elementos de nuestra actualidad, como la inteligencia artificial o el peligro de las redes sociales.
Parece que las personas aún no se dan cuenta del potencial tan grande que tiene este subgénero y lo poco explorado que está.
Paulina Arteaga es recién egresada de la carrera de ciencias de la comunicación. Se ha desempeñado en proyectos que involucran la ilustración, guionismo, y fotografía. Empezó a tener un gusto por la lectura a temprana edad, lo que le permitió explorar y disfrutar diferentes ámbitos de la industria del entretenimiento a lo largo de su vida, por eso decidió desarrollarse en dicho medio.