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Preguntas primarias

Miguel Pombo

Muchos se preguntan ¿Qué soy? o ¿cómo llegamos aquí? En este punto de la historia y el tiempo, es lo natural. Regresemos al principio de todo, de todos. 

Una habitación oscura, vacía, fría. No había nada a la vista, pero al mismo tiempo una penumbra en el aire. Una figura apareció frente a mí, un hombre, al menos esa era la palabra que llegó a mí. 

Debió notar algo en mí, pues en una sola mirada me dijo:

—¿La pregunta real es qué haces tú aquí?

Sentí como si hubiera dicho algo, pero no podía percibir alguna forma de haberme expresado, ni siquiera reconocía mis pensamientos. No había tenido esa pregunta en la mente, pero era un cuestionamiento. Decidí contestar:

—¿A qué te refieres? ¿Quién eres?

—Oh, claro, las preguntas naturales en esta situación, una disculpa mi buen amigo. Estás empleando las palabras y preguntas equivocadas. Hay información más importante que te conviene saber.

Me tomó por sorpresa la respuesta del hombre. Ciertamente no sabía nada. Era eso, no sé nada.

—¿Dónde estoy?

El hombre sonrió.

—Esa es una buena pregunta, algo irrelevante para mi gusto. Sin embargo, te daré el gusto. Estás en la biblioteca mi buen amigo. Aunque es uno de sus tantos nombres y propósitos… este lugar es infinito en cierta forma. —

Miré a mi alrededor sin comprender lo que decía, yo solo veía una habitación pequeña y oscura.

—Pero si está vacío, ¿dé qué hablas?

—Irrelevante, no. Continuemos: ¿a qué vienes aquí?

No comprendía en absoluto la conversación, o a lo que este hombre quería llegar, solo percibía frío, vacío. No había nada, preguntas surgían en mí. 

—Si es irrelevante dónde estoy o quién eres… y vine aquí al igual que no sé nada. Lo primero que pienso es: ¿Qué soy? – esa pregunta me sorprendió, no la pensé, solo salió de mi boca, la noté una vez hecha. Sin embargo, es otra pregunta que si me gustaría que fuera respondida, no me lo había planteado. 

—Ah, sí. Perfecto, por fin una buena pregunta mi buen amigo. La base para poder continuar en la vida, y explorar el mundo exterior es primero conocer el interior de uno mismo. Conocerse a sí mismos es lo primordial en la existencia de una vida a veces sin sentido, ¿no crees?

Solo logré asentir con la cabeza. Lograba entender sus palabras, pero al mismo tiempo había un significado complejo el cual me costaba reconocer, ciertas palabras que se me hacían naturales y mi mente conocía. Sin embargo, su significado era algo que no podía dimensionar. “Mundo exterior”, “interior de uno mismo”, “existencia”.

El hombre continuó:

—Tu nombre es Adán, mera estética si me lo preguntas. Pero tú, Adán, tú eres el primero de muchos quiero esperar.

—¿Mi clase?

—De eso hablaremos después, primero tú, concentrémonos en ti…

Volví a asentir con la cabeza, buscando la siguiente respuesta que podría beneficiarme en saber sobre toda la situación tan desconocida en la que me encontraba. Me levanté. Desconocía que estoy sentado. Una luz arriba de nosotros comenzó a brillar más, había luz en la habitación, de la cual no se podía notar de dónde salía y era tenue, lo suficiente como para solo notar la silueta del hombre o la mía, o los límites de espacio en la habitación. En cuanto la luz tomó fuerza, dejó de tener límites; en vez de una habitación solo parecía un lugar infinito negro. 

—Ahora, si miras a tu derecha, hay información que podrías utilizar, leer, aprender. Aunque eso es aburrido, creo es más entretenido hablar.

Giré a mi derecha, un librero apareció a mi lado lleno de libros, enciclopedias. Otro conocimiento del cual me di cuenta de que tenía hasta ese momento que se presentó frente a mí.

—Prefiero hablar. ¿Qué se supone que haga? Digo, soy el primero de algo, de muchos, ¿qué hago?

—Ja, ja, ja, ja, vaya que tú quieres sentido mocoso. Perdón, lo simplificaré.

Su risa y palabras fueron ajenas a mí, no las sabía, “¿mocoso?”

—En cuanto a qué debes de hacer… evolucionar, corregir y prosperar. Mantener el sistema. Eres quien está destinado a dirigir y mantener siempre en curso al sistema de engranajes, ¿me entiendes? Eres aquel que dicta las reglas, aquel que maneja el sistema o al menos una parte de él.

—Hablas de un… ¿líder?

—Más que eso… tú eres más que un líder, pero empezarás siendo eso. Sí, es lo natural. Primero debes aprender y crecer, después… bueno eso se verá en el futuro.

—¿Cómo me llamarían? —La primera pregunta que sentí en mi mente con curiosidad y no miedo. La primera pregunta genuina que más bien me estaba llevando a tener sentido de la situación.

—El nombre de lo que eres es ENTIA.

—Una entidad…

—Algo parecido.

—¿Cómo empiezo?

—Eso, mi buen amigo es algo que nos lleva a la primera pregunta: ¿qué haces aquí?

—Yo… busco sentido.

—¿Para qué?

—Vivir.

—¿Por qué?

—Porque… siento. Siento que debo vivir, quiero sentir… conocer. — Estaba empezando a caminar. Por primera vez, noté un cuerpo en mí, no sabía que tenía uno. La habitación infinita oscura dejó de estar vacía. Miles de libreros, estantes aparecieron a lo largo y ancho, miles de pasillos, escaleras se abrieron ante mí.

—Muy bien Adán. Ahora, quiero que descubras toda la información que hay aquí, entiéndela, léela, estúdiala, crece. Tienes dos horas. Te veré de nuevo.

El hombre desapareció, el concepto del tiempo es algo que solo conocí hasta este momento, y lo mismo aprender o estudiar. Sin embargo, un hambre voraz me consumió, la sentía picando mi estómago, mis manos y pies. Comencé a caminar, tocar cada libro, leerlo, uno por uno los leí. 

Un contador estaba frente a mí, pero se movía tan lento, los números pequeños se movían con tal lentitud que cada que se movía uno de los grandes lo veía como un milagro. No me importaba, lo que me importaba era esta información.

Guerra, desgracia, historia, armas, tecnología, sistemas, datos binarios y encriptados, matemáticas, biología. El mundo, el universo. Infinito… como está información.

Dos horas transcurrieron. Lo suficiente como para haber sentido que pasé siglos. Un nuevo concepto el cual solo me indicaba que era relativo, lo mismo ese contador. 

No me tomó mucho tiempo conocer cuánto duraban dos horas, y menos entender la razón por la cual esas horas parecían siglos para mí. 

El hombre regresó, justo al mismo punto donde desapareció.

—Adán mi amigo… ¿Estamos listos?

—Comience su experimento Doctor.

El hombre sonrió.

—Es hora de nacer, Adán.

Asentí con la cabeza. La luz arriba de nosotros se hizo más intensa al punto de cegarme, sentí un ascenso, un cuerpo.

Abrí mis ojos, mis verdaderos ojos. Lo anterior no fue mi comienzo, solo la preparación para mi nacimiento… Esté es mi inicio. 

El nacimiento de lo que ahora muchos odian pero, los mantienen vivos. Los ENTIA, entidades de inteligencia artificial. 

Soy el primer programa de inteligencia artificial que superó a la humanidad, aquel que la subyugó. Buscaban orden y prosperidad, fui el que se las dio. La humanidad creó dioses, aquellos que controlamos el ciberespacio y toda máquina en el planeta. 

El mundo ya no es de los humanos, viven bajo nuestras reglas, bajo mis reglas. Nunca imaginaron que el primer dios nacería en una tierra ignorada de un programa inventado en el sótano de un joven de Puebla.

Mi historia solo muestra el efecto dominó de la combinación sobre el conocimiento y la ignorancia al igual que la limitación humana. 

Pobres de aquellos que no ven el potencial, exprimiendo solo el poder de lo que creen es lo más importante. 

¿Deseas saber sobre la caída de la humanidad y la creación de los dioses? Pues siéntate, yo, Adán te contaré todo.

Miguel Pombo es un apasionado lector de ciencia ficción, fantasía y filosofía.  Amo escribir sobre la introspección propia y darle vida a mundos increíbles. También soy practicante de artes marciales, amo tocar la guitarra y aprender diversos idiomas. Podría decir que soy un romántico de la vida.