De nuevo, otra vez aquí, bajo la lluvia del bosque, empuñando un barro; tras de mí no veo nada más que un rastro retorcido, casi borroso por el fango tan suave.
Regreso a casa, tanto ha pasado que ya no sorprende, tan frecuente ha ocurrido, que ya ni me pregunto el motivo.
Carolina por fin me miró, algo que no sucedía desde… bueno, nunca, y hasta me dirigió la palabra en la escuela, las cosas parecen ir bien, una vida normal, por fin.
Finalmente, veo mi casa desde lo alto. Cielos, esta vez sí fui lejos, el barro se siente como escurre entre los dedos de los pies desnudos, tendré que usar un repuesto. Bajar descalzo por el bosque daba miedo antes. Ya no es más que un paseo por el parque, admito que cruzar la carretera a media madrugada, daría algo de pánico, hoy no más; una vez en casa, solo quiero relajarme, acomodarme en cama, y pretender que es una noche normal, de un chico más, no escuchar al viejo quejarse, de lo que sea que se sienta de humor en esta ocasión.
La calza que dejo oculta en el marco de mí ventana, me ayuda a entrar sin molestar a nadie. Carlos, el vecino ya se acostumbró a verme así, e incluso ahora, me ayuda con su silencio, la primera vez se que me vió, se alarmó tanto que tuvo una discusión acalorada con mis padres, cuando aún estaban los dos, pero ya ha suavizado su carácter tras conocerme. Incluso me ha apoyado, ese sujeto se gana un lugar… donde sea que van las personas después. Abro la ventana y llego a la cama, mi viejo duerme frente al televisor, mí madre… su partida… nos afectó, ojala verla de nuevo.
Limpio mi rastro, al terminar, estoy bastante cansado, ya solo, me desplomo en cama y… ahí está la alarma, por supuesto, ahora de seguir el día; veo a mí padre y celebro en silencio porque sigue dormido. Me dirijo al instituto, uso la cámara del teléfono para terminar de limpiar mí rostro en el camino. Ya estoy empezando a hablar con Carolina, no puedo verme como un cadáver maltrecho ante ella.
Finalmente he llegado sin imprevistos, que bien se siente, por primera vez, solo
debo acomodarme en la entrada para ser de las primeras personas que vea, debo
mantener cierta estética, actitud relajada, ligeramente desarreglada la camisa, un
poco de fuera, el suéter limpio, sí, así podré estar bien frente a ella.
—Hey, ¿qué tal? la tarea fue una pesadilla, ¿no?
—Hey, Victor, ciertamente, no le entendí a casi nada —es una mentira, claro
que me tomó menos de cinco minutos hacerla.
—Menos mal, así no me sentiré mal por pedirle la tarea a Caro.
—¿Enserio crees que te la pase?
—Bueno, cuento contigo para ello, ¿no? Ya vi que empezaste a hablarle.
—Estás enfermo si piensas que dejare que le pongas las manos encima a algo
que ella ha hecho), Claro — respondo con mi mejor sonrisa fingida
—Ehm, hola chicos
—¡Caro…! Ejem, digo, Carolina ¿cómo estás?
—Ja,ja, muy bien Leo.
—Ese cabello de fuego, esa risa… ¡Leo! Despierta, ¡oh! sí, me alegro ja,ja…
—Perfecto, y bueno… será mejor que yo me adelante al salón —comenzó Victor a alejarse finalmente.
—Te ves muy guapo el día de hoy.
—He… ¿enserio? Mu… muchas gracias.
—Sabes… He considerado ir a ver las estrellas este viernes… quizás…
podríamos ir juntos para la tarea de geografía.
—Y me lo dices con esa voz tan dulce tuya, sabes que mi alma no puede contar ello. Cla… claro preci… samente lo que planeaba proponerte.
—Je,je, perfecto, vamos, se nos hace tarde —me toma de la mano y me jala con ella al salón.
Ya en el salón, me suelta y como el viento se va a tomar su lugar junto a sus
amigos, su ausencia inmediata tan sólo me deja perplejo, no puedo más que verla
acomodándose delicadamente el cabello mientras ríe con sus amigas de una forma
tan… sincera.
—Mejor que copié la mía y no la de Caro, pronto estaré con ella el vie… ¿estaré con ella? Estaré con ella el viernes ¡solos! Sí, ella y yo, juntos en la no… ay no puede ser. Ella y yo, de noche. Tranquilo Leo, estarás despierto todo el tiempo.
Pasaron los días hasta entonces. un acantilado en el bosque, vista a la ciudad, buen punto para la lluvia de estrellas. Digno para… ser algo más.
Llegada la noche, sigue frente al televisor. Tachuelas en los calcetines, apestan pero es lo menos que puedo hacer para mantenerme consciente esta noche.
Un frío infernal, ¿dónde estará ella? Ok, tranquilo, llegué temprano, un par de horas y… ¿Qué fue eso? Un sonido entre los arbustos, una rama quebrándose, podría ser un animal pero… se escuchó como si fuese un animal más pesado de lo que debería.
—¡Leo! Gracias por venir, ¿esperaste mucho?
—¿Qué? Para nada, no tiene mucho que llegué.
—Espera ¿no tienes frío?
—¿Eh? ¿Yo? No, para nada —levanto las manos con una sonrisa para reducir
sus preocupaciones. Ella… se quitó los guantes y tomó mis manos
—Oh vaya, estás cálido, es realmente impresionante.
—Eh… gracias —está tocando mis manos, está tocando mis manos.
—No puedo permitir que te enfermes, toma mis orejeras al menos, mis guantes
son pequeños… pero al menos entrarás en calor con estas.
—Qué linda… digo… gracias, Leo, por favor.
Empezamos a ver el cielo con el telescopio que me prestó Carlos. Ahí está el
sonido de nuevo, ella no parece escucharlo, será mejor seguir fingiendo que veo las
estrellas. Finjo un bostezo.
—Oh, cielos, qué hermosa noche, importa si… me ocupo de algo… ¿Caro?
—Claro, no te preocupes has ayudado bastante, solo nos falta tratar de ver la lluvia de estrellas y listo, te gritaré si la veo antes.
—Muchas gracias, en serio.
Me adentro en el bosque, debo saber lo que provoca ese sonido. Muy bien, escucha, relájate… ¿De dónde viene?, ¡de ahí! Corro lo más rápido que puedo, no pienso más, solo quiero que se detenga. Ahí, lo veo, ¡es mío! Me abalanzó contra la criatura para derribarla al suelo y… ¿Qué? Actué por… instinto, pero aún más importante que…
—Oh, así que ¿te nos unes al fin?
—No… tú —mis ojos se ajustan a la oscuridad.
—Yo, tu, ella… ¡Almuerzo! —Vocifero al final con una voz gutural, la luna me permitió ver sus facciones.
—¡Vi… Victor!
—¿Te sorprende? —estaba irreconocible, sus facciones… colmillos, su cuerpo alargado— te agradezco que la trajeras, enserio,vamos te dejaré algo bueno.
—¡No!
—Pero qué, espera… tu no eres —su postura cambió, estaba… salvajemente enojado — ¿Dónde está? — exclamó mientras me lanzaba lejos con su zarpa, en lo profundo del bosque.
Ese golpe terminó por sacarme el aire, apenas y podía pararme, pero no podía dejarlo así, no puedo dejar…
—¿Dónde estás?
Gritaba la criatura, entre la espesura, me fui apoyando en un árbol, tome un trozo de madera, una rama gruesa del árbol.
—¡Hey!, ¡cabeza hueca!
—Te dije ¡que no me llamarás así!
Tan fácil de provocar, cuando estuvo a la distancia correcta, tomé esa rama con
fuerza y la golpee contra su cabeza. Eso derribó a la criatura y luego proseguí a
correr, debía alcanzar a Caro, debíamos irnos, quizás no podríamos regresar por el
mismo camino pero quizás si por el barranco…
—¡Caro! Debemos irnos ¡Ya!
—Pero la lluvia…
—Olvida la lluvia, debemos…
—Así que aquí estaban
—Ay no
—Eso… ¡me dolió!
La criatura se abalanzó en sus cuatro extremidades contra nosotros. Saltó, me puse entre Caro y esa cosa y antes de que pudiese pensar más… un disparo silencioso de una ballesta… rozó mi mejilla, y la flecha atravesó el cuerpo de la criatura, y la clavó contra el árbol. Me quedé helado al experimentar eso, voltee para verla, tras escuchar un clic
bastante fuerte, entonces pude contemplarla, el viento hacia su cabello semi
ondulado revolotear, y la luz de la luna le daba un aspecto celestial, entre sus
manos, la ballesta que media casi la mitad de su cuerpo, era sorprendente como
podía levantarla con tal facilidad como si fuese una pluma, yo no podría hacerlo
como ella. Levantó entonces el arma, colocando la flecha cargada, en mi frente.
—¿Qué… qué significa esto? —cuestioné tratando de excusar lo obvio como un mal
entendido.
—¿Qué, no es claro? —sacó su celular y me tomó una foto, mientras sostenía la
ballesta sin problemas. —Es una cacería —me mostró la foto y… mí boca, tenía
colmillos, como los de él, mis zapatos. ¿En qué momento… los rompí?
—Lo triste… es que enserio esperaba que fuese distinto —respondió con una tristeza fingida mientras jalaba el gatillo, por alguna razón, siento un alivio, y una alegría… quizás… solo porque fue ella.
—Qué pena, aún no había madurado, parece que realmente nunca comió carne
humana.
—Aún así, no podemos tomarnos las cosas a la ligera.
—Claro que no, maestra.
Aurem Lior escribe desde la contradicción: entre lo que se muestra y lo que se oculta. Sus historias nacen de una mirada íntima, a veces inquieta, sobre la identidad, la soledad y esa lucha silenciosa por parecer «normal». Con una voz cercana y honesta, mezclando lo cotidiano con lo extraño, no para escapar de la realidad, sino para entenderla mejor. En la narrativa, la dualidad no es un recurso, sino una experiencia vivida que se filtra en cada personaje y en cada noche que nunca termina del todo.