T’Hó es el antiguo nombre maya de lo que hoy es Mérida Yucatán, y uT’Hópía (de utopía) es el juego de palabras que he elegido para esta edición. No todos los relatos están ubicados en Mérida, pero sí en la península de Yucatán, tierra que ha sufrido algunas de las consecuencias más funestas de la crisis climática en el país: deforestación, muerte masiva de fauna, incremento sostenido de la temperatura y del nivel del mar, urbanización descontrolada, megaproyectos capitalistas impulsados por el propio gobierno etc.
El reto, la propuesta, o declaración si le queremos poner tintes políticos, era pensar en un futuro donde la ciencia y la tecnología nos ayuden a superar esta amenaza existencial. Sin embargo, aquí no hay relatos sobre tecnologías «verdes» que resuelven mágicamente todos los problemas (fantasía capitalista de un sistema que se arregla a sí mismo) sino historias de rebeldía, organización y rescate de conocimientos ancestrales.
La ciencia ficción mexicana (y pensada desde México, porque no todas las personas autoras son de este país), tiene mucho qué decir más allá del “solarpunk”, “greenpunk”, “ficción climática” y otras etiquetas que la industria se inventa para vender. Seguir abriendo espacio para este tipo de narrativa seguirá siendo nuestro objetivo.
Revolucionarios que podríamos calificar de ecoterroristas, saberes mayas que regresan cuando el internet y los libros han sido destruidos, grandes ciudades construidas en armonía con la naturaleza, y el verde, el verde de la ceiba, del mangle y del guano que reclaman su lugar en un mundo que ya no le pertenece enteramente a la humanidad… Este es el tipo de posibilidades que los y las autoras de este ejercicio de imaginación optimista nos han dejado no sólo para disfrutar, sino para actuar.
Hoy, la utopía parece algo insensato, necio, irreal, auténtica ciencia ficción, pero si ni siquiera podemos imaginarla, entonces sí, todo estará perdido.
Axel Lima Muñiz