—Bienvenidos, humanos del pasado, al anuncio de vuestro futuro.
Dijo el doble mecánico para eventos del magnate.
El acontecimiento había reunido suficiente interés como para la primera mitad del teatro, así que llenaron el resto con actores y dobles recién fabricados. Nadie notaría la diferencia en las pantallas de las casas.
—Desde el principio de los tiempos, el hombre ha intentado crear imágenes a su semejanza, tal y como atestiguan los cuentos de las antiguas religiones.
El doble tomó una pausa para cargar en sus altavoces vocales la réplica de voces discursivas, extraída de una base de datos de los mejores discursos de la historia, propiedad de Cloudtech desde las últimas elecciones.
—Pero nunca antes había cruzado la barrera de la verdadera inteligencia, una máquina capaz de sentir con exactitud todas y cada una de las emociones de un ser humano.
El auditorio retumbaba de excitación, ni siquiera el ruido blanco enviado por altavoces Fue capaz de hacer audible el resto del discurso del doble.
—…y ríe y llora cuando se le ordena según su ciclo anual de estados de ánimo, basado en las teorías de nuestros expertos en plantilla.
En realidad, las emociones las sacaban de una antigua base de datos pública que recopilaba blogs sobre gente escribiendo su estado de ánimo día a día, pero no estaba autorizado para hacer tales declaraciones públicas.
—Porque Cloudtech regala a sus usuarios no solo una actualización de emociones gratis para su androide doméstico, sinó que también pone ya a la venta los nuevos modelos a precios para todos los bolsillos, porque piénsenlo bien: ¿Prefieren pagar a unos desconocidos para que eduquen a sus hijos con un modelo antiguo, lento, fallido? ¿O mejor deciden invertir ese dinero en un trabajador incansable, con una autonomía de setenta y dos horas, baterías cuádruples de litio y el sistema de emociones artificiales más avanzado hasta la fecha?
Aplausos y vitoreos desde el público. El software de márketing implantado en las cámaras decidió que el éxtasis de la multitud había alcanzado un pico suficiente como para
proyectar un enorme código QR detrás del doble presentador. Pronto todas las gafas, cámaras y lentes de la sala estaban aterrizando en la página de venta de Cloudtech.
Tras unos flashes, la grabación en directo del discurso prosiguió.
—Comprueben por ustedes mismos que la revolución de las emociones ha llegado. El presente ya es el futuro. Y con Cloudtech de su lado, siempre al servicio de la tecnología, pueden estar seguros de que nunca necesitarán pararse, porque el verdadero progreso avanza a una revolución por segundo. No traten de alcanzarnos. Suban y dejen que el pasado los empuje.
Todo se ensombreció, excepto el gigantesco QR que seguía recibiendo los flashes, gritos y vitoreos tanto de humanos como de máquinas. El doble fué sustraído al momento del escenario y almacenado en el compartimento de almacenaje del camión que esperaba afuera en el callejón donde no llegaban los neones. Debía salir hacia una nueva ciudad, hacia un nuevo evento en un teatro que les agradecería que le llevasen su revolución por una noche y más aplausos que tendrían que grabar, mezclar y reprogramar en los cientos de dobles que aguardaban en silencio, que no oían esos mismos aplausos en el teatro.
Nil Puigdemont Rodríguez es un joven de veinte años amante de la narrativa en ámbitos como la literatura, los videojuegos o el cine. Ha publicado su trabajo en diversas revistas y concursos a través de varios géneros, y está decidido a seguir en el mundo de la escritura.